jueves, 11 de octubre de 2012

Trotando por una tesis

Salida nocturna con P. a dar vueltas por Parque Saavedra. Nuestro hijo estaba con su abuela y tía abuela.
El estándar actual de mis corridas es mantenerme en 5 km hasta bajar más el tiempo y el Parque es muy fácil de medir, cuatro vueltas completan mi circuito. Todavía no reincorporé los cambios de velocidad y pasadas (soy una corredora más bien fiaca) así que la expectativa era un trote parejo y sin demasiado problema. Pero no fue tan fácil.

Los primeros dos kilómetros me sentí cansada y casi en seguida tuve dolor en el costado derecho. Corrí sin música y sin mirar el reloj, porque tenía ganas de despejarme e intenté alivianar el paso y concentrarme en la respiración. Había tenido una tarde de pelea con mi trabajo. Abocada a la escritura de lo que debería ser algún día un primer capítulo de la tesis, me sentía frustrada y con bastante enojo, la idea de "poner la mente en blanco" se me imponía como necesidad, pero se escapaba. Cuando terminaba la segunda vuelta encontré un ritmo y pude disfrutar del fresco de la noche, de la coordinación del movimiento y la compañía de P. a un tranco similar. Mientras me relajaba volvió a aparecer el pensamiento laboral, y al poco rato, otra vez el dolor. Estuve luchando entre el dolor y cierto agotamiento pero seguí respirando y nuevamente me recuperé.
No me resulta fácil correr, tiene mucho de sacrificio todavía. Y eso que hace ya más de tres años que corro (no con la frecuencia óptima pero sí bastante parejo).
Empecé a correr porque me gané una beca. De pronto mi mundo se achicó a estar encerrada leyendo. Se suponía que era bueno pero fue más tóxico de lo esperado. Acá estoy, aun luchando con la neurosis del escribir y aunque cueste mucho voy a terminar (la vuelta y el capítulo, claro, ¿no?).


No hay comentarios:

Publicar un comentario